Las costas gallegas estaban mal custodiadas, los normandos repetían sus ataques casi todos los años; es entonces cuando el monarca (Alfonso V) dona a la Iglesia de Santiago la Isla de Oneste (1024) para que se construya una fortaleza a fin de impedir estas incursiones. Algunos años más tarde, siendo Don Cresconio obispo de Iria, emprendió la reconstrucción de la fortaleza, dando a los muros más sólida y firme estructura, levantó altas torres y construyó una capilla dedicada al apóstol Santiago. Asimismo, mandó tender una gruesa cadena entre las dos orillas del río, para impedir el paso de las naves.
Los molinos de viento de Catoira son de un tipo especial, se trata de molinos de torre en los que la cubierta no gira para orientar las aspas en la dirección del viento, como sucede con el resto de molinos de viento, sino que se mantienen fijas y es toda la edificación la que se orienta a los vientos dominantes.